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Los círculos de mujeres
Psic. Esmeralda Delgadillo Nuño / Martes 14 de Noviembre de 2023

¿Cuánto podemos guardar las mujeres en nuestros úteros? ¿Cuántas emociones y sentimientos vivimos a diario que nos son desconocidos, que no sabemos nombrar y que no reconocemos su origen? ¿Cuántos dolores cargamos que no son nuestros? ¿Cuánto sabemos de la historia de nuestros linajes? ¿Qué SI y que NO sabemos de las vivencias de nuestras madres, abuelas, bisabuelas? Información que nos pudiera orientar para entender lo que estamos atravesando en nuestras vidas. ¿De dónde vienen esos patrones repetitivos que nadie nombro, esas lagrimas que no pudieron ser derramadas, esos límites que antes nadie puso? Temas y secretos guardados de generación en generación, esto y más nos concierne, nos pesa, nos toca, nos atraviesa y nos ubica en este presente. Todas tenemos una historia personal, que debería ser contada y escuchada. Los Círculos de Mujeres son justo el espacio para esto y tú ¿ya has contado tu historia?


Un día, me encontré ahí, repasando -de nuevo- eso que no entendía, un dolor muy profundo se hacía presente en mí y no sabía de donde provenía, una tristeza irreconocible, como si no fuera mía, algo más allá que me rebasaba, un sangrado uterino que no cesaba ¿Y qué hacer con todo esto? Además de todo lo medicamente posible, de todo lo terapéuticamente posible ¿Por qué esto dentro de mí no paraba? Cansada, agotada y decepcionada de no encontrar la salida me llego la invitación a un “Encuentro de Mujeres” y sin saber bien de que iba, atendí el llamado, con mi cuerpo, mi voluntad y el compromiso ante mi proceso, así; ¡me presenté! Fue mágico, enriquecedor, sanador, fue poder ver una nueva luz al final del túnel. Estuve por dos días con mujeres de todas las direcciones y entonces tuve claridad, sentí paz al saber que no era la única que estaba atravesando por situaciones similares, dolorosas, duras. Fue tan enriquecedor aquel momento que quise seguir siendo parte de estos tejidos donde me sentí que pertenecía a la vida; sostenida, comprendida, apapachada. Al mismo tiempo que yo también sostenía y acompañaba. Siendo parte de una red de mujeres que sin conocernos nos conteníamos unas a otras, fue como conocí “Los Círculos de Mujeres”.


Desde mi mirada te comparto que los Círculos de Mujeres son espacios seguros de contención, son redes de apoyo, lugares en donde se dan convivencias sanas, de autoconocimiento y crecimiento personal, que tienen un impacto personal y colectivo. Tomamos las memorias de nuestras ancestras para caminar estas rutas que no son nuevas, ya antes ellas se reunían y formaban tejidos de sabiduría en círculos. Sabiduría que se encuentra en nuestros códigos natales, que son códigos sagrados, lenguajes que traspasan las líneas del tiempo, porque son caminos trazados en espiral donde no hay un principio ni un final, sino que permanecen suspendidos en dimensiones que antes hemos estado y que ahora recordamos. Todas venimos de estas mujeres que se reunían alrededor de un fuego, de un centro, para transmitir conocimientos, enseñanzas, saberes femeninos y descubrimientos del Universo, de las estrellas, de los elementales. Con esto se presentaban a la comunidad, sanaban a los enfermos, recibían a las nuevas vidas, preparaban los alimentos, sostenían los ritos de paso, acompañaban a las niñas en su menarca (primera menstruación), a las mujeres gestando, a las madres primerizas, a las madres amamantando, a las abuelas en su partida. Ahora estamos retomando estos saberes, estamos remembrando estas formas antiguas que nos regresan a lo más básico de la vida, que es la conexión con la tierra.


Que existan estos espacios dentro de una sociedad con rutinas pesadas, en culturas donde no hay espacio para la regeneración de nuestra energía, donde se nos exige que cumplamos un rol en tiempo y forma que nos está desgastando y enfermando. Por eso volver a estas tradiciones nos lleva a la calma, a la paz, al descanso, al entendimiento y al compromiso de seguirnos auto-gestándonos.

Estos círculos se crean a través de la conexión y convivencia en donde se teje una red entre las mujeres que asisten a ese momento. Nos reunimos y nos compartimos unas con otras, poniendo la palabra y la mirada al centro de nuestro altar comunitario en donde ponemos nuestras intenciones y nombramos para que estamos ahí. En este espacio nos auto-observamos, nos reflejarnos en las vidas de las otras y nos reconocernos, a la vez que abrimos nuestro entendimiento a lo que nos atraviesa en nuestra vida, en nuestros vínculos, nuestras experiencias y aprendizajes, comprometiéndonos a poner la presencias y energía para el bien común y para nosotras mismas. Escuchamos con atención los mensajes de la vida, del gran misterio y así vamos construyendo puentes que nos conectan para vivir la vida de una maneras más bonita, más sana, más feliz. Todas tenemos una historia, estamos entretejidas en este planeta, en este tiempo-espacio, con nuestros retos y desafíos, nuestros dolores y alegrías, nuestros errores y aciertos, nuestros sueños y proyectos. Pertenecemos a un grupo de mujeres y al centro sagrado que contiene un fuego que nos une, una llama que nos ilumina y nos guía en este peregrinar juntas, calor que llevamos cada una en nuestros corazones, que transportamos a nuestros hogares y que custodiamos en nuestros altares personales hasta volvernos a encontrar. Dentro del círculo nos nutrimos de sabiduría femenina-colectiva, energía que se genera como motor para continuar nuestros caminos y recorrerlos en consciencia. Aquí pedimos por un mejor futuro, pon un mejor mundo, por nuestros seres amados, por nuestras infancias, por nuestras relaciones y por nuestras vidas. Nos unimos para rezar, cantar, bailar, reír, llorar, confiar, despejar nuestras mentes de la rutina, del miedo, de la alerta, de la inseguridad de allá afuera y descansar de lo cotidiano, de lo que nos abruma. Nos presentamos en este espacio circular que nos sostiene, que nos protege y que da cabida a todo lo que somos, lo que ya no queremos ser y lo que buscamos transformar. Dentro del círculo elevamos la palabra para nombrar y visibilizar algo, alzamos la escucha al silencio, a lo profundo, a la oscuridad, a las heridas, a los traumas, a nuestra niña interior y nos empatizamos con respeto y compasión hacia los procesos de las demás.


Vivir bonito, vivir en paz, comprender nuestras vivencias, comprometernos con las otras y con la vida misma nos ayuda a aceptar la realidad a la vez que ponemos foco a lo que queremos cambiar y materializar. La salida siempre ha sido hacia adentro, pero nadie nunca nos lo dijo, no nos enseñaron a mirar dentro de nosotros, de nosotras, sino tener siempre la atención afuera y competir; no nos enseñaron a hermanarnos. Es por eso que seguimos en guerra, por eso nos duele la vida, las otras, los otros, nuestras niñas y niños, por eso a veces sentimos que no pertenecemos a este espacio-tiempo, a estos territorios. Olvidamos que somos parte del todo y que solo por existir tenemos derecho a SER, porque ya nacimos siendo. Ya estamos aquí, ya hemos atendido al llamado de nuestra alma, de venir a recordar, de venir a cumplir los pactos que antes de llegar a esté plano, firmamos. Hagámoslo pues con valor, con voluntad y compromiso, pero no necesariamente solas, podemos acompañarnos de otras y para eso existen estos espacios, estos “Círculos de Mujeres” que nos invitan a mirar sin los velos que desde que nacimos nos han impuesto y no nos permiten continuar con una vida libre, orgánica, sencilla, significativa, resuelta y segura.


Los Círculos de Mujeres convocan al llamado genuino de nuestra alma, comprendiendo que hay mucho por hacer, que existe más de lo que nos han contado, que somos creadoras de nuestra propia realidad, que somos magas del misterio, que somos alquimista de nuestros procesos y somos soberanas de nuestras vidas.

En el círculo nos sentamos una a lado de la otra, a nivel de la tierra que nos recibe. Aquí somos iguales no hay jerarquías, nuestra energía se entrelaza, los hilos de nuestro pensamiento se tejen y destejen, nos unimos con la mirada. Confiamos que somos respetadas, que nuestras historias son bien recibidas, podemos expresar nuestro dolor, preocupación, duelos, tristezas, engaños y decepciones. Nos acercamos a contar nuestras alegrías, logros, éxitos, batallas ganadas, partes sanadas. Dentro de esta atmosfera de amor, de compasión y cariño que creamos entre todas, podemos elevar rezos, para alguien que conozcamos o no, para todas, por todos. Nos hacemos conscientes de que todo lo que se mueve en esta burbuja puede salir y expandirse, que no solo es para mí, sino que también estamos creando un impacto a todos los rumbos, porque somos agentes de cambio; para mi familia, para mis vecinos, para mi comunidad, para mi ciudad, para mi país, para todo ser vivo en este planeta, porque todos y todas estamos conectadas, porque todas somos una, con todos y con el todo.


Acudir a un círculo y hacer presente y evidente que algo allá afuera no nos está siendo suficiente, que necesitamos algo más que solo ir por un café a charlar con las amistades o dialogar con los familiares. Ir más allá de lo superficial. Entender que es una necesidad actual el crear espacios en donde nuestro cuerpo espiritual se desarrolle, lugares donde cese la tensión, donde podamos descansar el pensamiento, relajar el cuerpo y descargar la energía. Con diálogos que nos nutran, que aprendamos nuevas estrategias de autocuidado, que facilitemos silencios meditativos, rezos en canto, movimientos dancísticos que nos liberen. Facilitando escenarios para compartir nuestros dones y podamos ponernos al servicio de las otras, de los otros, de la humanidad. Crear altares donde pongamos nuestro grano de arena, nuestro aliento, nuestras manos creativas, para así juntas fortalecernos y engrandecernos.


Entrar a tiempos de paz y de tranquilidad, para expresarnos sin temor a ser juzgadas ni criticadas, en donde la otra que, aunque no me llame nada es: mi hermana, somos hermanas porque fuimos gestadas y paridas todas por la madre tierra, nos alimentamos de la misma agua y nuestro aliento se sostiene del mismo aire que respiramos. A ella, mi hermana, que no conozco su apellido pero que me abraza, que me regala una palabra de aliento, que sostiene mi mano en tiempos difíciles, que me entrega su amorosa mirada para reflejarme como espejo y me comparte el calor de su corazón, le agradezco por estar, por ser y pertenecer. Nos entendemos unas a otras porque somos cíclicas, como la LUNA con quien caminamos. Tenemos dentro un centro energético que nos une, que nos hace únicas, diferentes, parte de un clan, de una tribu, que nos tejemos sinceramente cuando nos atrevemos a revelar nuestras máscaras, cuando aceptamos nuestras dualidades y partes oscuras, y nos ofrendamos al aire, al agua, rezamos al fuego y nos rendimos a la tierra, para regenerarnos.


Esto y más, mucho más, son los Círculos de Mujeres…

Y tú, ¿ya eres sostenida por uno?

Si sientes el llamado y no conoces ninguno, te cuento que en Zapotlán el Grande eres Bienvenida a pertenecer al Círculo de Mujeres “Luna Llena”, escríbeme al 33-12-15-67-56 para contarte más detalles.


Las mujeres estamos despertando, estamos sanando…nuestras vidas son sagradas.

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